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¿Qué ha sido de la Dark Web intelectual?

La Intellectual Dark Web (IDW) emergió como un fenómeno cultural y político a finales de la década de 2010, agrupando a figuras públicas que cuestionaban la hegemonía progresista en medios, academia y tecnología. Aunque su influencia fue notable, su cohesión se fracturó a principios de los años 2020, dejando un legado complejo en el debate sobre libertad de expresión, identidad y polarización.

Pinker

Orígenes y definición de la IDW

El término fue acuñado en 2017 por el matemático Eric Weinstein durante un episodio del podcast de Sam Harris, pero se popularizó en 2018 gracias a un artículo de Bari Weiss en The New York Times titulado Meet the Renegades of the Intellectual Dark Web[1][4][6]. La metáfora de la «red oscura intelectual» aludía a su oposición a narrativas dominantes, comparándola con el acceso ilícito a contenidos restringidos en internet[1][4].

Weiss describió a la IDW como un colectivo de pensadores «iconoclastas» marginados por instituciones tradicionales debido a sus posturas contra la corrección política, el posmodernismo y la política de identidad progresista[6]. Aunque sus miembros se autopercibían como víctimas de la censura, muchos ya tenían audiencias masivas en plataformas alternativas como YouTube y podcasts[1][4].


Miembros clave y diversidad ideológica

La IDW nunca fue un movimiento estructurado, sino una red laxa de personalidades con posturas diversas:

  • Figuras de izquierda anti-woke: Sam Harris, Steven Pinker y Bret Weinstein, críticos de lo que consideraban dogmatismo en movimientos sociales progresistas[1][4].
  • Conservadores y libertarios: Ben Shapiro, Jordan Peterson y Dave Rubin, enfocados en defender la libertad de expresión y criticar el «marxismo cultural»[2][6].
  • Medios alternativos: Joe Rogan (podcast The Joe Rogan Experience) y Claire Lehmann (fundadora de Quillette), que ofrecieron espacios fuera del mainstream[2][4].

A pesar de su heterogeneidad, compartían un rechazo a lo que veían como autoritarismo en la izquierda estadounidense, especialmente en universidades y grandes tecnológicas[6]. Sin embargo, esta diversidad también generó tensiones. Por ejemplo, la historiadora Alice Dreger expresó sorpresa al ser incluida en el grupo, señalando que ni siquiera conocía a la mitad de sus miembros[1][4].


Plataformas y estrategias de influencia

La IDW aprovechó el auge de nuevos medios para eludir canales tradicionales:

  1. Podcasts: The Joe Rogan Experience y Waking Up with Sam Harris superaban millones de descargas, ofreciendo debates largos y sin editar[5][6].
  2. YouTube: Ben Shapiro y Dave Rubin usaron el algoritmo de la plataforma para viralizar contenidos críticos con el progresismo[2][6].
  3. Revistas digitales: Quillette y The Free Press (fundada por Bari Weiss) publicaron ensayos contra la censura y la cultura de la cancelación[4][6].

Este enfoque permitió a la IDW construir comunidades leales, pero también la expuso a críticas. Medios como The Guardian la asociaron con la derecha alternativa, mientras que estudios académicos señalaron que funcionaba como «puerta de entrada» a ideas extremistas[1][6].


Fracturas y declive

Hacia 2020, la IDW comenzó a fragmentarse debido a:

  • COVID-19: Las posturas anti-confinamiento de figuras como Bret Weinstein y Jordan Peterson chocaron con la visión más cauta de Steven Pinker y Sam Harris[5].
  • Cambio climático: Mientras algunos miembros negaban su urgencia, otros abogaban por soluciones tecnocráticas[5].
  • Elecciones estadounidenses: La polarización en torno a Trump exacerbó diferencias entre conservadores y libertarios dentro del grupo[6].

La falta de un liderazgo unificado y agenda común aceleró su disolución. Como señaló el politólogo Daniel W. Drezner, la IDW dependía de audiencias individuales, no de estructuras organizativas[1][4].


Legado y debates pendientes

Aunque la IDW ya no existe como colectivo, su impacto persiste en:

  1. Cultura de los podcasts: Demostró que formatos largos y sin censura podían rivalizar con medios tradicionales[5][6].
  2. Libertad de expresión: Sus debates sobre desplatforming y censura influyeron en políticas de redes sociales[6].
  3. Guerras culturales: Temas como la teoría crítica de la raza o los derechos trans siguen siendo campos de batalla ideológica[1][6].

Según Jamie Q. Roberts, autor de The Intellectual Dark Web: A History, el grupo reflejó un momento único de desencanto con instituciones, pero su mezcla de escepticismo y tribalismo dificultó soluciones constructivas[5]. Su historia, concluye Roberts, es un recordatorio de que la diversidad ideológica sin consensos mínimos puede llevar a la parálisis[5].


En definitiva, la Intellectual Dark Web fue tanto un síntoma como un crítico de su tiempo. Su ascenso y caída ilustran los desafíos de debatir en una era de polarización, donde la búsqueda de heterodoxia a menudo choca con la necesidad de cohesión.

Referencias