El 21 de julio de 1969, aproximadamente 19 minutos después de que Neil Armstrong diera el primer paso humano sobre la superficie lunar, otro astronauta descendió por la escalerilla del módulo lunar Eagle. Edwin Eugene "Buzz" Aldrin Jr. se convirtió así en el segundo ser humano en caminar sobre la Luna, un título que, lejos de disminuir su legado, ha definido una vida extraordinaria dedicada a la exploración espacial y la aviación.
De los cielos de Corea al espacio
Nacido el 20 de enero de 1930 en Glen Ridge, Nueva Jersey, Buzz Aldrin creció en un ambiente donde la aviación era parte fundamental de la vida familiar. Su padre, Edwin Eugene Aldrin Sr., fue un coronel de la Fuerza Aérea y aviador pionero, mientras que su madre, Marion Moon, llevaba un apellido que resultaría profético para el destino de su hijo.
Aldrin se graduó tercero de su clase en la Academia Militar de West Point en 1951, con un título en ingeniería mecánica. Durante la Guerra de Corea, voló 66 misiones de combate en cazas F-86 Sabre, derribando dos aviones MiG-15 enemigos. Esta experiencia como piloto de combate forjaría las habilidades que más tarde serían esenciales para su carrera como astronauta.
Tras la guerra, Aldrin continuó su formación académica, obteniendo un doctorado en astronáutica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1963. Su tesis doctoral sobre técnicas de encuentro orbital en el espacio no solo demostró su brillantez intelectual, sino que proporcionaría conocimientos fundamentales para el programa espacial estadounidense.
El maestro del paseo espacial
Seleccionado por la NASA en 1963 como parte del tercer grupo de astronautas, Aldrin se ganó rápidamente el apodo de "Dr. Rendezvouz" por su experiencia en maniobras orbitales. Su primera misión espacial fue Gemini 12 en noviembre de 1966, junto al comandante Jim Lovell.
Durante esta misión, Aldrin estableció un récord crucial: realizó una actividad extravehicular de más de cinco horas, demostrando que los humanos podían trabajar efectivamente fuera de una nave espacial. Hasta ese momento, las caminatas espaciales habían sido extremadamente difíciles y agotadoras. Aldrin desarrolló técnicas y utilizó agarraderas estratégicamente colocadas que permitieron completar tareas complejas sin el agotamiento que había plagado a astronautas anteriores. Este logro fue fundamental para hacer viable el alunizaje de Apolo.
Piloto del módulo lunar
Para la misión Apolo 11, Aldrin fue designado piloto del módulo lunar, responsable de los sistemas de la nave que llevaría a dos hombres a la superficie lunar. Mientras Neil Armstrong comandaba la misión y Michael Collins pilotaba el módulo de comando Columbia en órbita lunar, Aldrin trabajó codo a codo con Armstrong durante el histórico descenso.
El 20 de julio de 1969, cuando el Eagle se acercaba a la superficie lunar, Aldrin leyó metódicamente los datos de los instrumentos a Armstrong mientras éste pilotaba manualmente la nave para evitar un campo de rocas peligroso. Ambos hombres trabajaron como un equipo perfectamente sincronizado, aterrrizando con apenas 25 segundos de combustible restante.
Diecinueve minutos después de que Armstrong bajara, Aldrin se convirtió en el segundo humano en caminar sobre la Luna. Sus palabras al contemplar el paisaje lunar fueron igualmente memorables: describió lo que veía como "magnífica desolación". Durante las dos horas y media que pasaron en la superficie, Aldrin y Armstrong recolectaron muestras, instalaron experimentos científicos y plantaron la bandera estadounidense.
Un detalle poco conocido es que Aldrin, un presbiteriano devoto, celebró la primera comunión en la Luna, un momento personal de reflexión espiritual antes de salir del módulo lunar.
Vida después de la Luna
Tras el triunfo del Apolo 11, Aldrin enfrentó desafíos personales significativos. La transición de ser un héroe mundial a la vida ordinaria resultó difícil. Luchó contra la depresión y el alcoholismo, experiencias sobre las que habló abiertamente en su autobiografía, ayudando a reducir el estigma asociado con los problemas de salud mental.
Sin embargo, Aldrin nunca abandonó su pasión por la exploración espacial. Se convirtió en un defensor incansable de la colonización de Marte, desarrollando conceptos para sistemas de transporte interplanetario sostenibles. Su propuesta del "Ciclo Aldrin", una trayectoria que permitiría viajes regulares entre la Tierra y Marte utilizando la gravedad de ambos planetas, demuestra que su mente científica continuó innovando décadas después de su alunizaje.
Un legado duradero
A sus más de noventa años, Buzz Aldrin permanece como una figura activa en la promoción de la exploración espacial. Ha escrito numerosos libros, tanto de no ficción sobre sus experiencias como de ciencia ficción, compartiendo su visión del futuro de la humanidad en el espacio.
El hecho de ser "el segundo" nunca definió negativamente a Aldrin. Por el contrario, abrazó su papel único en la historia y lo utilizó como plataforma para abogar por nuevas fronteras. Su valentía no solo se manifestó al caminar sobre la Luna, sino también al hablar abiertamente sobre sus luchas personales y al seguir soñando con llevar a la humanidad más allá.
Buzz Aldrin representa más que un momento histórico; personifica la persistencia del espíritu humano de exploración y la capacidad de superar obstáculos tanto externos como internos. Su huella en la Luna permanece intacta, un testimonio eterno de que el segundo paso puede ser tan importante como el primero en el largo viaje de la humanidad hacia las estrellas.
A sus más de 95 años, es uno de los últimos supervivientes de la misión Apolo 11 y sigue activo en la promoción de la exploración espacial, habiendo celebrado su 93.º cumpleaños casándose en 2023.